"Demo" del Diccionario de filosof�a en CD-ROM de Ed. Herder

enrera2.gif (552 bytes) Volver a "Tiempo"

diccianimax.gif (15216 bytes)

El tiempo en la filosof�a antigua

anaximandro.gif (25892 bytes)

Anaximandro

 parmenides.gif (16796 bytes)

Parm�nides

En la historia de la filosof�a vemos aparecer ya la reflexi�n sobre la naturaleza del tiempo en sus mismos inicios entre los presocr�ticos. La filosof�a presocr�tica puede seguirse como un proceso de consolidaci�n del enfrentamiento entre naturaleza y lenguaje, entre lo que las cosas son por s� mismas y lo que las cosas son en tanto que dichas en un lenguaje que presenta problemas a causa de su convencionalidad. Si se tiene en cuenta que aquello que se problematiza, la naturaleza (NbF4H, physis), no tiene un car�cter estable sino que es visto como algo en constante cambio, se puede entender que el tiempo se presenta siempre como algo ligado a este devenir de los acontecimientos, y que el lenguaje lo que pretende es llegar a mencionarlo en su constante cambio. Los textos m�s representativos de esta concepci�n son seguramente los de Her�clito, cuando emplea en ellos, entre otras, esta denominaci�n para su principio del devenir de todas las cosas (ver textos ). Pero ya el primer texto filos�fico conservado de Anaximandro (ver texto ) relaciona la pregunta por la totalidad de lo existente con el tiempo, que es el que -seg�n este fragmento-, impone el orden, es decir, el que permite que exista el cosmos. De esta manera, ya desde los inicios de la filosof�a, la pregunta por el sentido del mundo y del ser remite al tiempo. Tambi�n podemos incluir a Parm�nides en este uso presocr�tico del tiempo, puesto que la eternidad de su ser no se concibe como un devenir infinito, sino precisamente como la ausencia de todo devenir, la ausencia, en definitiva, de tiempo.

Parm�nides, al declarar que �el ser no fue ni ser�, sino que es, a la vez, uno, continuo y entero�, formula la primera noci�n de eternidad (ver texto ), mientras que otro eleata, Meliso de Samos, al declarar que el ser siempre es, siempre fue y siempre ser�, formula la noci�n de sempiternidad. En cualquier caso, el problema del ser se plantea conjuntamente con la cuesti�n del tiempo, lo que no es ajeno al uso de la noci�n de sustancia (ous�a), entendida como presencia. Este planteamiento que vincula el ser al tiempo y, en especial, a la presencia, reaparece en Plat�n.

 

platon.gif (23395 bytes)

Plat�n

Para Plat�n el tiempo es una imagen m�vil de la eternidad, imita la eternidad y se desarrolla en c�rculo (concepci�n c�clica del tiempo) seg�n el n�mero. Considera que el tiempo nace con el cielo, y el movimiento de los astros mide el tiempo. As�, lo que es, es una participaci�n en el Ser seg�n el tiempo (ver texto ). En la medida en que el conocimiento verdadero nos permite conocer las Ideas inmutables y eternas, la palabra que las designa es una representaci�n de la eternidad en el tiempo. La concepci�n plat�nica, pues, hace depender no s�lo el mundo f�sico del mundo de las ideas, sino que, coherentemente con esto, hace depender el tiempo de la eternidad. Al relegar Plat�n el tiempo del devenir de las cosas al despreciado plano de lo sensible, de lo no plenamente real, y al afirmar el car�cter eterno del mundo ideal, con frecuencia

se lo sit�a, a este respecto, en l�nea de continuidad con Parm�nides. Pero no debe olvidarse el car�cter fundamental del paso dado por Plat�n en textos como el Timeo: el tiempo del devenir de lo sensible viene a ser algo as� como el despliegue de la eternidad que caracteriza al mundo de las ideas. La eternidad deja de ser la mera negaci�n de la temporalidad para convertirse en su fundamento: desde el punto de vista del mundo inmutable de las ideas, la eternidad constituye un tiempo ya dado en su totalidad, cuyo desarrollo da lugar a la apariencia sensible del tiempo.

 

aristoteles.gif (14556 bytes)

Arist�teles

Arist�teles, en sinton�a con la globalidad de su programa filos�fico, suprime la distinci�n entre la realidad y la apariencia del tiempo: no tiene sentido explicar la physis a trav�s de algo que est� m�s all� de ella. De ah� que la eternidad de la que habla Plat�n pase a corresponderse con el suceder del tiempo susceptible de percepci�n. Ahora bien, lo que da lugar a la percepci�n del tiempo es el movimiento, de modo que el tiempo no puede concebirse sino como algo consustancial al mismo (ver textos ). De esta manera, Arist�teles acomete el an�lisis del tiempo con muchas precauciones, y declara que es un tema harto dif�cil.

Para abordar la cuesti�n del tiempo, su naturaleza y estructura, Arist�teles lo vincula al movimiento, pero lo separa de �ste, ya que un movimiento puede ser r�pido o lento, mientras que esto no tiene sentido decirlo del tiempo, ya que la rapidez o lentitud lo son respecto de �l. El tiempo, dice, es algo que pertenece al movimiento, es el n�mero del movimiento seg�n lo anterior-posterior.

El tiempo no es, pues, un movimiento, pero no existir�a sin �l, ya que solamente existe cuando el movimiento comporta un n�mero. Ahora bien, el problema es si existir�a el tiempo sin el alma ya que, si no existe nada que verifique la operaci�n de numerar, nada habr�a susceptible de ser numerado y, por tanto, tampoco habr�a n�mero ni tiempo. De esta manera, no puede haber tiempo sin el alma. De hecho, no s�lo la posici�n aristot�lica deja muchos interrogantes sin contestar, sino que, a veces, Arist�teles elude realmente enfrentarse a ellos. As�, por ejemplo, se pregunta si el tiempo debe colocarse entre los seres o entre los no-seres, y su respuesta es ambigua; a veces lo considera como una categor�a, pero a veces lo considera como un pospredicamento; declara que es el n�mero del movimiento, pero no depende s�lo de �ste, sino que depende tambi�n de un alma que numere, etc. Consciente de la dificultad del estudio del tiempo Arist�teles mismo plantea algunas de las principales apor�as que esta noci�n engendra. As�, por ejemplo, estudia la noci�n de instante, al que declara, respecto del tiempo, an�logo al punto respecto del espacio, es decir, el tiempo no se compone de instantes, de la misma manera que una l�nea no se compone de puntos, pero ambos conceptos expresan una noci�n de l�mite (ver texto ), en el cual se anulan las caracter�sticas propias del tiempo y del espacio (un instante no dura, como un punto no tiene extensi�n). Ambos, instante y punto, son, a la vez, uni�n y separaci�n. Esta analog�a entre el instante y el punto, as� como la concepci�n del tiempo en funci�n del movimiento, nos revela la �ntima conexi�n entre el tiempo y el espacio. Por otra parte, al igual que la estructura del espacio (coexistencia), la estructura del tiempo (sucesi�n) es considerada continua por Arist�teles. De la misma manera, lo concibe como infinito (no en acto, sino en potencia) (ver texto ). Tambi�n plantea los problemas de las relaciones entre el pasado (que ya no es), el futuro (que todav�a no es) y el presente que, en la medida en que continuamente est� fluyendo y no puede detenerse en un instante que posea una duraci�n, tampoco es propiamente. As�, la cuesti�n del tiempo nos remite a las paradojas de lo uno y lo m�ltiple, y de la identidad y la diferencia.

Con el aristotelismo nace una nueva concepci�n del tiempo, pues pasa de ser considerado un efecto de los acontecimientos (son estos los que lo delimitan) a ser el marco infinito previamente dado que los contiene y que podemos considerar, por tanto, que forma parte de la explicaci�n que a priori puede darse de la physis, del movimiento. En definitiva, Arist�teles acaba por concebir el tiempo como el movimiento total e infinito, eterno, como marco en el que los acontecimientos particulares, finitos, pasan a poder ser concebidos como partes.

Dicha concepci�n aristot�lica es la que est� en la base de las dos grandes formas de interpretar el tiempo:

  • 1) una lo enfoca desde una perspectiva f�sica (el tiempo como medida del movimiento) y la otra,
  • 2) desde una perspectiva psicol�gica (no habr�a tiempo sin un alma que midiera o, lo que es lo mismo, no habr�a propiamente tiempo sin conciencia).

Por su parte, los estoicos insistieron en el car�cter c�clico del tiempo a partir de su concepci�n del gran a�o c�smico que culmina en la ecpirosis, para volver a recomenzar indefinidamente en un eterno retorno.

 

Ver tambi�n:

Tiempo

El cristianismo y el tiempo

El tiempo y la revoluci�n cient�fica

El tiempo en Kant y en el idealismo

El tiempo en la filosof�a del siglo XX 

Tiempo, cultura y ciencia

La flecha del tiempo


Bergson

Big Bang

El principio antr�pico

Bibliograf�a



Anuncis Exponsor

camaras frigorificas editorial de certificados de profesionalidad gran canaria bus material para formacion continua mudanzas las palmas pizza oven viaje astral

 

Aquesta obra està sota una llicència de Creative Commons.