"Demo" del Diccionario de filosofía en CD-ROM de Ed. Herder

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El tiempo en la filosofía del siglo XX

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H. Bergson

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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A. Einstein

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W. Dilthey

Si bien la noción de tiempo juega un papel fundamental en el pensamiento de Kant, podemos destacar también el llamado «temporalismo» que marcó la filosofía del siglo pasado y que aportó una nueva manera de enfocar la temporalidad. De entre los pensadores que abordaron dicho problema subrayaremos aquí los nombres de Dilthey y Bergson. Éste último toma como punto de partida de su análisis la crítica a la consideración positivista acerca de los fenómenos psíquicos, y muestra cómo esta corriente, o bien prescinde de la noción de tiempo, o bien la reduce a una forma de espacio, ya que estudia los estados de conciencia como si de hechos exteriores se tratase, midiéndolos, por tanto, cuantitativamente y ordenándolos en una sucesión yuxtapuesta, al modo como se ordenan las cosas en el espacio. Frente a esta concepción, Bergson afirma que los fenómenos psíquicos tienen un carácter cualitativo (y por tanto no pueden ser mesurados cuantitativamente) y que cada intuición (cualidad) es irrepetible, irreversible y no puede ordenarse en una instancia reversible y homogénea en la que prima la yuxtaposición, pues se interpretan y se funden entre sí formando un fluir único, una continuidad inseparable
(duración). De ahí, pues, que marque una clara diferencia entre el tiempo espacializado, que es el tiempo físico que contempla la ciencia y que Bergson califica de falsificado, y el tiempo auténtico, la duración de la vida interior de la conciencia, el puro movimiento en el que no pueden ser diferenciados los momentos como estados distintos (ver texto 1 , texto 2 , texto 3 , texto 4 y texto 5 ).

El tiempo de las ciencias y del «sentido común» es, pues, solamente una forma de espacio, un tiempo que no posee ninguno de los caracteres que la conciencia reconoce en la duración real. Así, el tiempo de la ciencia es siempre homogéneo, isotrópico y reversible (delante del signo t se puede poner un o un -, y la ecuación física sigue siendo la misma), mientras que el tiempo que capta la intuición es heterogéneo e irreversible, es pura novedad. En el auténtico tiempo, es decir, en la duración, no es ni tan solo posible distinguir estados distintos, ya que ello supone una yuxtaposición, lo que solamente es posible en el espacio (lo que, a su vez conduce a Bergson a criticar la concepción kantiana del número, y situar el fundamento de éste en el espacio más que en el tiempo; ver texto ). La concepción del mundo que nos brinda la ciencia es la propia de un entendimiento que tiende a considerar todo lo real desde un punto de vista estático, fijo, que detiene el auténtico movimiento, lo que conduce a las concepciones deterministas y, en última instancia, a la negación de la libertad. Bergson se enfrentó a las concepciones relativistas de Einstein, a las que consideró todavía deudoras de la concepción clásica del tiempo. De hecho Einstein afirmó la relatividad de la medida temporal, por lo que negó la posibilidad de una simultaneidad absoluta, pero siguió considerando el tiempo como orden de sucesión. Al considerar el tiempo como una magnitud física, y considerarlo desde la perspectiva de la física clásica, se le aparecía como una magnitud en sí misma reversible, por ello pudo afirmar que desde el punto de vista de la física el tiempo es «tan sólo una ilusión».

Con Dilthey también la problemática del tiempo ocupa un lugar central en la filosofía, aunque se trate, en este caso, de concebir el tiempo como historia. Su principal ocupación es la de establecer el fundamento y el método de las por él llamadas «ciencias del espíritu» (política, derecho, historia, arte, literatura,...) pues mientras considera que las ciencias de la naturaleza tienen, en efecto, ya desde Bacon, resuelto este aspecto, la realidad histórico-social ha sido malinterpretada y «mutilada» por los positivistas al pretender adaptarla para su análisis a los métodos de las ciencias de la naturaleza. Para Dilthey la vida es una realidad que no cabe escindir de la historia y que no puede ser interpretada desde categorías ajenas como «sustancia», «sujeto», etc. que sitúen los acontecimientos en el marco de una sucesión espacio-temporal, sino que es desde ella misma, en su fluir continuo, en su realización fáctico-histórica que debe interpretarse. Esto es: narrar los acontecimientos desde fuera supone introducir un tiempo implicado en la narración, pues el relato es un acto configurador que busca formas de tiempo estructuradas. Ahora bien, si es este el modelo que puede ser válido en las ciencias de la naturaleza, no debe disponerse de él para interpretar la realidad histórica, puesto que no capta el movimiento mismo sino que sólo tiene en cuenta los hechos individualmente, a los que con posterioridad introduce, como algo añadido para su exposición, la temporalidad. La concepción que Dilthey reclama de la vida como comprensible desde sí misma supone no sólo un alejamiento de la concepción del tiempo como marco desde el cual poder ordenar, analizar y explicar los hechos englobándolos en etapas históricas, sino que también implica postular un tiempo no dado a priori ni añadido a posteriori, un tiempo que emerge con la vida misma en su acontecer histórico, en su realización concreta.

 

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E. Husserl

 

También como reacción contra el positivismo, que, como se ha dicho, pretende reducir todas las ciencias al modelo de las ciencias de la naturaleza (leyes exactas), y como respuesta al historicismo, que, en su afán de reducirlo todo a la libre creación histórica corre el riesgo de desembocar en un relativismo extremo, surge la fenomenología de Husserl. Éste busca el fundamento absoluto de la filosofía en la conciencia. Para ello no cabe una «ciencia natural» de la conciencia (al modo de una psicología explicativa) sino una fenomenología de la conciencia, esto es: un análisis, una descripción de los fenómenos dados a la conciencia (las vivencias). Con este presupuesto defenderá, de manera parecida a la tesis bergsoniana, la distinción entre un tiempo físico y un tiempo fenomenológico.

Si bien el primero obedece a leyes naturales exactas (pudiendo, por tanto, situarse lineal y causalmente), y responde a la consideración de la naturaleza física como unidad espacio-temporal conforme el antes y el después de cada acontecimiento, el tiempo fenomenológico remarcará la unidad de las vivencias: la duración.

Se trata del tiempo interno de la conciencia, que no es otra cosa que la vivencia misma, su fluir continuado. El tiempo físico no marca el orden causal entre las vivencias pudiendo separarlas unas de otras cual si de instantes se tratara, sino que son las vivencias mismas la propia temporalidad, y manteniéndose inseparables entre sí forman el flujo de lo vivido (la duración real). La temporalidad no es algo ajeno a la consciencia sino que viene dado por ella.

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M. Heidegger

En el marco de la filosofía contemporánea cabría destacar también la filosofía de Heidegger como expresamente dedicada a la cuestión de la temporalidad. Tal y como nos indica el título de la obra, por la que se le conoce como el «primer Heidegger», Ser y tiempo, éste pretende hallar la relación existente entre ambos, si bien se queda en el análisis de la relación que el ser-ahí mantiene con el tiempo. Distinguirá entre la concepción tradicional del tiempo (un marco ya dado previamente en el que los acontecimientos se suceden unos a otros, y que califica de comprensión vulgar del tiempo, pues en tanto que no se trata de una noción que surge de la existencia misma no tiene valor ontológico) y la temporalidad que tiene validez como criterio ontológico, pues lejos de concebirse como preexistente surge de la propia estructura del ser-ahí, en la que no cabe diferenciar un antes, un ahora y un después (presente, pasado y futuro).

Se trata de tener en cuenta el carácter de un siempre haber ya sido del que el ser-ahí debe hacerse cargo, así como la remisión de su existencia a unas posibilidades de ser de las que la más propia es la muerte. Y al ser la muerte la posibilidad más propia de la existencia, al quedar ésta relegada a algo fuera de sí, denominará cada momento referencial del ser-ahí (presente, pasado y futuro) como «éxtasis» (ver texto 1 , texto 2 y texto 3 ).

Ver también:

Tiempo

El tiempo y la filosofía antigua

El cristianismo y el tiempo

El tiempo y la revolución científica

El tiempo en Kant y en el idealismo

Tiempo, cultura y ciencia

La flecha del tiempo


Bergson

Big Bang

El principio antrópico

Bibliografía


Página personal de Jordi Cortés

 


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